La última gota
Hoy cayó la última gota. Ya no habrá más. La contemplo. Es exquisita. Esto es, su belleza, su belleza es magnánima. Olvido por un momento el deseo que tenía de ella, la impaciencia con la que anhelé su llegada… la boca árida, infinitamente árida, el cuerpo seco cual desierto. El gato, echado, apretadito contra sí mismo, suspira. Su casi imperceptible lamento recuerda mi avidez. Y la suya. El gato podía usarla. La gota. Me tiendo junto al gato, me enrosco para sentirme a mí misma. Decido. La dejaré estar, a la gota. Quiero percibir cada instante de su transformación. Compenetrarme, vivirla en carne propia. Es la última esperanza real que queda. Desear bailar juntas la danza de la evaporación, hasta hacernos una con el todo.
