miércoles, 28 de marzo de 2007

Atl

Querría llamarme agua..
agua de río que baja de la montaña,
y así poder ser a la vez todos mis yos

Agua sorpresa, gotas grandes o pequeñas sin rumbo fijo
agua, caricia suave, que envuelve, acompaña, resbala

agua fuerza, y dejarme caer con todo mi ser, imponente
y agua debilidad, dejarme evaporar, impotente

agua que forma un camino, que discurre, que va
agua serenidad, que permanece, aquieta, atrae

agua viva, que acoge,

maternidad de tantos seres

agua canto,

a quien se atreve a cerrar los ojos y escuchar


martes, 13 de marzo de 2007

Paisaje

A este paisaje llego caminando.

Empiezo en un lugar claro y bajo, donde la tierra acoge varios hilos de agua de deshielo y da cabida a mucha vida. En algún momento del camino, mientras mi respiración empieza a verse, el paisaje va adquiriendo piedras. De repente, un bosque duro a fuerza de empeños para ganarle brotes verdes al hielo, termina abruptamente en un pedregal.

Es cuesta arriba. Solo hay piedras... parece que solo hay piedras.

La humedad del bosque y las partes bajas hacían que el frío calara los huesos, pero aquí, el frío corta la cara, el viento empuja, las piedras vencen a los pies. A ratos prefiero subir agachada usando también las manos.

Llego a mi paisaje, pensaba que para habitarlo, pero en realidad él me habita.

Su característica es el silencio.

El sol de la primavera que termina está acostado en su punto más alto. Se le ve redondo, sin ninguna mancha de nube, aunque parece velado. Ilumina, pero no se percibe calor.

Al fondo se ve un gran macizo rocoso. Su forma permite intuir la fuerza con la que fue creado… no en un solo momento, si no en varios golpes de placas terrestres y quizá de lava. Es un macizo hecho de capas. Las piedras donde estoy sentada, en su propia pequeña escala, son también evidencia de que este lugar no fue hecho en una sola mirada.

Aún hay vetas de nieve, a pesar de que está por llegar el verano. El macizo alberga un glaciar permanente. Lentamente, como lágrimas de quien llora una pena profunda y antigua, el glaciar alimenta una laguna al pie del macizo. Debe estar cargada de minerales, pues no deja ver fondo. Nada vive a su alrededor. Aquí, el agua no es capaz de alimentar vida. Lo hace después, conforme baja y pierde frío.

-
El clima cambia. De repente una niebla empieza a cubrirlo todo. Muy rápido pierdo el horizonte y hasta la visibilidad de mi propia mano.

La nada.

Sé que esta sensación de vació, de aparente inamovilidad, puede durar el resto del día, quizá la noche o ser borrada de un solo golpe. Sé que puede llegar la lluvia, a veces ligera, otras dura, sé que puede llover hielo. Que los cambios sol, viento, niebla-nada, lluvia, luz-todo pueden sucederse rápidamente unos a otros o permanecer.

Espero.

-

Por fin el viento lo ha limpiado todo, cuento de nuevo con mi horizonte, lejano y cercano. Estoy totalmente al aire libre, sin nada que me proteja. Hay una sensación de ser presa fácil para las aves de rapiña. La nada eliminaba esa sensación de peligro. Ya no más.

Los ojos vigilan.

Sobre el cielo, una ocasional ave grande sabe que ese lugar que parece solo viento, frío, piedras, hielo, alberga su propia fauna. Hay más de una cadena alimenticia. Insectos, pequeños mamíferos, liebres, roedores de varios tamaños, un cui quizá. Otros mamíferos medianos, zorros y su parentela, quizá hasta lobos. Son habitantes de la frontera entre el bosque y este paisaje austero. No veo a ninguno, son animales sigilosos, del color de las rocas. Solo visibles para ojos agudos y sensores que no poseo.

Pero en el cielo sí veo al ave ocasional, solitaria. No la distingo, águila, halcón, aguilucho...

Me atrae... me transformo

No me gustaría ser un ave carroñera, si no una depredadora. Aunque haría la excepción si fuera un cóndor. Hay algo de emoción al pensar en el ave sagrada andina. Me gusta su grandeza.

Pero aquí, en este paisaje, preferiría ser un halcón, volar libremente sobre rocas, árboles, montañas. Me gustaría ser halcón para dominar el paisaje, para poder verlo todo en su conjunto, sin perder el detalle que los ojos superdotados ponen hasta en la presa más pequeña. Para sentir el aire bajo las alas y saber que el paisaje árido y solitario está rodeado de otros paisajes más acogedores.

Porque en este paisaje de piedra, viento, lluvia, niebla, soledad y silencio no se puede vivir. Se está solo de paso, aunque el paisaje lo habite a uno.


lunes, 5 de marzo de 2007

El color del agua

Claro, celeste, plata, blanco puro, transparente,
no brillaba como si hubiera estrellas sobre ella,
pero en conjunto era brillante de tan puro.

Azul color angel.

Así me imagino el fondo de tus ojos…
los que un día me mostraron, descaradamente,
sus profundidades.

Un día que sentí vértigo, que me jalaban como precipicio…

¿Donde esta ahora tu mirada, que ya no la miro?